Survival

Me siento como el perro abandonado
mendigando el cariño de unos amos,
postrado sumiso ante el primero
que acaricia su lomo en la perrera.

Donando sin esperar nada de vuelta
sus virtudes por un hueco tras su puerta,
cuando miro el vacío de mis manos
decorando en cicatriz mi línea de la vida.

Soy como el pobre apostado en una esquina
con un platillo repleto de calderilla
que le regala al transeúnte su sonrisa
cuando él le mira de reojo tras su prisa.

Y la piedad se transforma en sedentaria
al ralentí del motor latiendo bajo el pecho,
recordándome que como yo no tengo nada
he aprendido a convertir lo poco en mucho.

María Eugenia Hernández Grande (MaruSpleen)